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Pedagogía de Emergencia para niños discapacidades en zonas de Crisis

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Para el día internacional de las personas con discapacidades, el 3 de diciembre, queremos compartir algunas impresiones de nuestro trabajo con niños con discapacidades, a partir de ejemplos desde Ucrania y Kenia, que además están confrontados a los desafíos de una vida en guerra y zonas de guerra. Con demasiada frecuencia, estos niños especialmente vulnerables quedan fuera del foco de atención, son estigmatizados o reducidos a un diagnóstico. Sin embargo, la discapacidad abarca un amplio espectro y, de una forma u otra, cada persona es única y tiene capacidades físicas o mentales individuales. Por lo tanto, al tratar con personas, con o sin discapacidad, no debemos centrarnos solo en sus limitaciones, sino también en sus fortalezas.

 Niño con discapacidad haciendo manualidades junto con una educadora.

En Ucrania, el tema de la inclusión se había expandido muy poco antes de la invasión total. Normalmente, los niños/as con discapacidades eran aislados. Muchos de ellos/as no asistían a la escuela, sino que recibían clases en la casa. Tampoco tenían prácticamente acceso a ofertas de tiempo libre. La guerra prolongada ha agravado aún más su situación: muchos han tenido que abandonar sus hogares y, con ello, han perdido su espacio seguro y su rutina diaria. A esto se suman las frecuentes alarmas aéreas, las explosiones y  los períodos de permanencia en refugios, que suponen una carga especialmente dura para niños y niñas con discapacidades.

La resiliencia puede desarrollarse con mayor dificultad, en determinadas circunstancias, de modo que sus estrategias de elaboración en contextos difíciles pueden encontrar más rápido sus límites y de ese modo surgir traumas. Es por ello que pertenecen a un grupo que vivencia experiencias traumáticas con frecuencia y estas suelen pasarse por alto. Muchos síntomas de trastornos por estrés posttraumáticos se asemejan los síntomas de discapacidades, lo que dificulta la identificación del trauma. Además, a los niños les suele resultar difícil reflexionar sobre sí mismos y explicar sus experiencias. A menudo buscamos una experiencia objetivamente amenazante, pero las personas con discapacidades perciben muchas situaciones como existencialmente amenazantes incluso antes de que se reconozcan como tales. Por lo tanto, a menudo no sabemos si  han vivido experiencias traumáticas ni cuántas. La pedagogía de emergencia les ayuda a activar sus poderes curativos.

El centro de pedagogía del trauma “Harmonie” en Odessa, elaboró un concepto para contribuir con una sociedad inclusiva, en la cual niños y niñas con y sin discapacidad, realicen conciertos, junto con sus madres y padres. Estos espacios aportan a promover el entendimiento y la aceptación , como también a deconstruir prejuicios: Es suficiente con aquello que sabes y qué bonito que estés aquí. Las y los colegas de Odessa comentan que el proyecto agudiza la mirada de los padres hacia sus niños/as, permitiéndoles reconocer sus especiales potenciales y capacidades. La organización no gubernamental (ONG) «Megasvit», con sede en Vinnytsia, también está adquiriendo este año sus primeras experiencias en el trabajo con niños con discapacidades, en colaboración con el departamento de pedagogía de emergencia de los Amigos del Arte de Educar.

Durante su trabajo, Nataliia Povolotska, de la ONG, se dio cuenta de lo importantes que son los principios de la pedagogía de emergencia, como la seguridad, el vínculo, la valoración y la autodeterminación, especialmente para estos niños. Al tener esto en cuenta, los niños participan de forma muy diferente en las actividades, ríen mucho y muestran avances en su desarrollo, nos cuenta Nataliia. También en muchos otros lugares faltan el saber y la experiencia en el trabajo con niños con discapacidades. ES por ello que realizamos capacitaciones o seminarios, a nivel mundial con el tema central “trauma y discapacidad”, para aportar en el desarrollo de la sensibilidad y la capacidad de acción. Por ejemplo, en el Proyecto Waldorf Kakuma, en el norte de Kenia, en el que 14 docentes en tres centros de protección infantil diferentes están comprometidos con estos propósitos.

El tema despertó un gran interés y un compañero que trabaja allí cuenta cómo la formación ha cambiado su perspectiva y su trabajo: «Creamos un lugar en el que niños con y sin discapacidad pueden aprender, jugar y crecer juntos. He visto cómo un niño que al principio era tímido ganaba confianza poco a poco a través del arte y el juego y participaba con alegría en las actividades. Estos momentos muestran cómo la inclusión, la creatividad y la comunidad refuerzan el autoestima y fortalecen las oportunidades de futuro de los niños». 

Como Amigos del Arte de Educar tomamos compromiso para que los niños con discapacidades reciban la misma aceptación, valoración y oportunidades para su desarrollo y tener una buena vida.

Kseniya Karman Samet y Fabian Krämer

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