El internado constituye un hogar donde niñas y niños pueden encontrar amor, cuidado y compromiso. Hay dos edificios, de dos pisos. En la planta baja están los más chiquitos y en los pisos de arriba los más grandes. Hay una gran amplitud etaria. La niña más chiquita tiene tres años y la más grande tiene 16. Cada área está coordinada por padres del internado. Las alumnas llaman cariñosamente a las madres del internado Boma, una palabra corta formada por dos prefijos de las palabras “boarding mother” (madre del internado). En total hay cinco madres y un padre del internado.
Agnes y Winnie, dos Bomas, conforman esencialmente el corazón y el alma del “Girls Hostel“. Ambas tienen un tesoro de experiencias de larga data: Agnes desempeña su función desde el 2006 y Winnie desde 1999. Juntas, se ocupan de las niñas con cuidado y cariño. “ Somos más que simples cuidadoras, somos el sostén en el que las niñas pueden apoyarse cuando sienten que las paredes de la vida se derrumban sobre ellas”, nos cuenta Agnes. Muchas de las niñas que se alojan en el centro provienen de entornos muy difíciles: algunas son huérfanas, otras han sido rescatadas de situaciones de abuso y separadas de sus familias. Con los niños es muy similar, para ellos, los padres del internado son más que simples acompañantes, son mentores/as y amigos/as. Cumplen un rol fundamental, para asegurar que los niños se encuentren bien a nivel físico, emocional y escolar. También atienden a su comportamiento, su aseo y a su bienestar general. “Ser parte de este viaje nos ha enseñado tanto...No se trata solamente de ayudar a estas niñas y niños, sino que nosotros también aprendemos”. Nos hemos convertido en mejores padres, madres, mentores y mentoras, al comprender lo que realmente necesitan y cómo podemos ayudarles. A cambio, tenemos el privilegio de contribuir a dar forma a su futuro, un futuro lleno de potencial”, comenta Winnie.
Una mañana típica allí comienza temprano: los niños mayores empiezan el día a las 5 de la mañana, mientras que los pequeños en edad preescolar se despiertan a las 6. El desayuno comienza a las 6:30 de la mañana entre semana. Los niños se turnan para poner la mesa y recogerla después del desayuno. Luego, suelen ir cantando a sus aulas. Para muchos de los niños y niñas, contar con artículos básicos como jabón, pasta de dientes, aceite corporal, artículos de higiene femenina y material escolar implica un desafío adicional. Gracias a las donaciones, la escuela se asegura de que cada niño tenga lo necesario, lo que constituye un cambio vital para ellos/as. También reciben comidas saludables y tienen suficiente tiempo para jugar y descansar, especialmente los fines de semana.
Los fines de semana los niños y las niñas se divierten mucho con sus actividades favoritas. Adentro juegan al ludo, a las damas o al Monopoly. Afuera juegan fútbol, pintan, y se les programa también lectura y cuentacuentos. El sábado en la noche se encuentran para compartir juntos, contar historias, reír y cuidar las amistades. Los domingos son más bien tranquilos, ayudan a los demás y se toman tiempo para reflexionar, acerca de los valores y de cómo pueden mejorar el mundo. En las aulas, los niños más grandes realizan sus tareas, mientras que los más chicos están sobre las alfombras, leyendo algunos cuentos. Es una oportunidad de crecer a través de los libros, antes de que puedan profundizar en sus tareas escolares.
Los niños también aprenden a asumir responsabilidades ayudando en las tareas domésticas. Por ejemplo, cada uno lava su propia ropa. Los más pequeños se encargan de las prendas más ligeras, como camisas y calcetines, mientras que los padres del internado ayudan con la ropa más pesada. También hacen sus camas y ordenan sus habitaciones. Todos los sábados se limpia a fondo todo el recinto. Un verdadero trabajo en equipo.
Los momentos de las comidas son otra oportunidad para que los niños y las niñas puedan asumir responsabilidades. Ayudan en el comedor, lavan la vajilla, limpian las mesas y participan de la preparación de las comidas. Se trata sobre todo de trabajar en conjunto y aprender sobre el trabajo en equipo. Los niños están orgullosos de su aporte y realizan sus tareas con alegría.
Para algunos niños y niñas, este camino resulta difícil al principio. Muchos llegan al internado con síntomas de trauma, con dificultades para comunicarse o paralizados por el miedo. Los síntomas postraumáticos se manifiestan a veces en forma de enuresis, tartamudez o llanto excesivo. Gracias a la paciencia y la comprensión de los padres del internado y de la escuela en general, los niños se van recuperando, con el tiempo, y vuelven a tomar confianza y seguridad en sí mismos. “Es increíble ver cómo se transforman”, se sorprende Karanja, del «Boys Hostel».
Por favor ayúdennos por medio de un padrinazgo de grupos para el internado de la escuela Rudolf Steiner School Mbagathi y ayudará de ese modo a que niñas y niños puedan continuar pasando su período escolar en un lugar seguro y lleno de amor. Patrocinar aquí
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