Helen Stotko se comprometió fervientemente sobre todo con los niños y niñas pequeños, en los barrios marginales de Coudad del Cabo, organizando las condiciones legales y económicas para muchos jardines infantiles, los llamados los llamados Educare Centres. Hizo posible que las mujeres hicieran una formación como educadoras Waldorf, para acompañar a niños y niñas pequeños y a los más pequeños en jardines de los municipios marginales. Las madres de estos niños trabajaban durante el día en las zonas más ricas de la ciudad para ganarse la vida.
Los portales para la formación de educadoras en el Center for Creative Education se abrieron gracias a las habilidades de Helen Stotko. Con su inicio como administradora se esforzó por conseguir el financiamiento para esta formación, ya que las mujeres de los barrios marginales solamente pueden hacer pequeños aportes y para algunas era incluso imposible costear el viaje para tomar las clases. Luego del término de su formación, Helen Stotko ayudó a estas mujeres, que depositaron en ella una gran confianza, con los trámites legales para registrar sus pequeños jardines infantiles. Les ayudó a financiar espacios adecuados para los niños y niñas y se aseguró de que se sintieran reconocidas y acogidas en una asociación. Helen Stotko se convirtió en la maternal colaboradora de un impulso educativo que, gracias a su compromiso, siguió expandiéndose.
Cuando la escuela Waldorf Zenzeleni en Khayelitsha, uno de los municipios marginales, fuera fundada en uno de los llamados Cape Flats, Helen Stotko se ocupó de que pudieran funcionar bajo la entidad jurídica del Center for Creative Education. Gestionó el proyecto de cofinanciación solicitado por los Amigos del Arte de Educar al Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ), gracias al cual se pudieron construir los primeros edificios escolares de la escuela Waldorf Zenzeleni. Siempre que se presentaban problemas, ella estaba ahí. Demostró con su ejemplo, cómo se puede contribuir a la educación sin ser docente. Y lo hizo de forma fiable y poco ortodoxa. El acceso a la educación para los niños de los townships era tan importante para ella que en muchas ocasiones tuvo que hacer malabarismos con las dificultades económicas. Gracias a su integridad personal, pudo superar esas etapas sin perder la confianza de los donantes. Ella protegía lo que hacía. Personalmente, ella tuvo que lidiar con las condiciones que la vida le había traído. Las enfermedades siempre le pusieron piedras en el camino, que ella intentó esquivar con gran fortaleza. Cuando se daban estas situaciones, todos los involucrados en sus proyectos tomaban consciencia de cuánto dependían de ella. La última enfermedad fue tan terrible que, a pesar de su entusiasmo y su enorme voluntad, no logró superarla. Ahora esperamos, que todos los impulsos educativos que ella inició y desarrolló puedan continuar siendo sostenidos desde la dimensión de otro mundo.
Nana Goebel

