A esta tercera visita a la escuela Hope Flowers School en Belén la vivimos como un estado alternado entre calma y tensión. El frágil plan de paz para Gaza despierta, por un lado esperanza, pero por el otro también nuevos temores. ¿Cómo continuará todo en Cisjordania? Es por ello que el objetivo de esta capacitación era compartir con los participantes, métodos e ideas para su trabajo con niños/as y adolescentes en diferentes lugares de Cisjordania. Muchas escuelas funcionan actualmente solamente tres días a la semana, ya que los sueldos tuvieron que reducirse y algunos docentes no pueden costearse el viaje cinco días a la semana.
Continuamos nuestro trabajo con veinte docentes con los que ya habíamos trabajado en enero y a los que habíamos enseñado métodos de pedagogía de emergencia y pedagogía del trauma. En esta ocasión, la cuestión central para ellos era cómo implementar la pedagogía de emergencia en el caso de los niños y niñas con discapacidad en la escuela. En talleres de pedagogía vivencial y artística, los participantes aprendieron diferentes enfoques creativos, como la diferencia entre la pintura libre y la pintura dirigida. También tuvieron la posibilidad de plantear preguntas concretas sobre casos especiales o desafíos en general en el trato con niños con discapacidad, como, por ejemplo: «¿Cómo diseñamos ejercicios para niños que tienen alguna limitación física para participar en las actividades?».
Durante los seis días, pudimos abordar conjuntamente con los trabajadores sociales y psicólogos los temas relacionados con la pedagogía de emergencia y pedagogía del trauma. Los participantes ya habían reflexionado previamente sobre la definición del trauma. Por lo tanto, para ellos era importante aclarar qué es lo importante a la hora de tratar con los niños, pero también consigo mismos.
En los talleres de pedagogía artística se pudo apreciar la fuerza que tienen los métodos creativos. Tras una sesión de modelado, un joven psicólogo se sentó frente a su obra y agradeció haber recuperado un momento de su infancia. En las conversaciones se puso de manifiesto una y otra vez el estrés que sufren las personas que viven allí y lo poco que suelen disfrutar de momentos de tranquilidad. Una participante contó que los primeros días de formación le habían dado una sensación de seguridad, hasta tal punto que, por primera vez, había podido soltar.
En estos días se evidenció para nosotros cuántos recursos tienen los y las participantes y, al mismo tiempo, la importancia para ellos/as de estas oportunidades de relajarse y simplemente poder respirar hondo, a fin de poder crear espacios donde los niños puedan reunirse. Percibimos que asumen esta tarea con gran compromiso.
Fiona Bay

