Nuestra primera parada fue en Mandalay. La organización local “ADORE Mental Health and Wellbeing“ nos había invitado a realizar una capacitación para sus trabajadores y sus voluntarios. 15 personas participaron en un seminario introductorio de tres días. Impartimos una mezcla de input teórico acerca de la psico traumatología y de la traumatología en la emergencia, como también ejercicios prácticos, desde la euritmia, como también pedagogía vivencial y artística. Me pareció particularmente bonito el modo en el que los participantes se expresaban abiertamente sobre sus desafíos para lidiar con la salud mental. En Myanmar este tema continúa siendo un gran tabú. Los participantes nos comentan que nuestro trabajo fue muy valioso para ellos, en especial, con relación a la estigmatización de la salud mental en Myanmar. Se sienten en condiciones de explicarle a otras personas del sector de la educación, por qué el tema del trauma en este contexto es tan importante y require de atención.
Luego de estos primeros días intensivos en Mandalay, seguimos hacia Taunggyi. Aquí ya habíamos llevado a cabo un seminario de dos días acerca del “Trauma y la Pedagogía de Emergencia”, entre otros temas. En esta ocasión, queríamos profundizar estas temáticas. Durante cinco días trabajamos con un grupo fijo de aproximadamente 30 docentes y 40 alumnos/As entre los 16 y los 20 años. Pasamos las mañanas con los y las docentes. El foco estuvo puesto en transmitir fundamentos teóricos tanto de psico traumatología como sobre la Pedagogía de Emergencia. Pero también hubo espacio para el intercambio. Así, surgió la posibilidad de hacer preguntas abiertas, expresar las dudas y compartir las historias personales. Ahí nos llamaron la atención las particularidades de la cultura birmana. Por ejemplo, en esta cultura no es usual realizar pregunta en forma abierta. Por eso, repartimos papeles para que las preguntas puedan ser escritas en forma anónima, para luego poder conversarlas con el grupo. A la tarde, se incorporaron los/as jóvenes. En talleres conjuntos pusimos en movimiento lo trabajado previamente en forma teórica, por medio de la euritmia, el dibujo de formas y los ejercicios de pedagogía vivencial. Para mí, fue muy especial que los grupos estaban conformados tanto de docentes como de jóvenes. La flexibilidad requerida por los capacitadores/as de nuestro equipo, se ocupó de lograr una buena atmósfera de aprendizaje y una buena dinámica al interior del grupo.
Me impresionó especialmente un encuentro con una de las jóvenes: al inicio de la semana la percibí muy nerviosa e insegura. Sus manos temblaban y apenas lograba calmarse. Participó, entre otros de un ejercicio grupal con el “paracaídas“, En este ejercicio, la gran colorida tela, se vuelve una herramienta lúdica para promover el movimiento, el trabajo cooperativo y la confianza en el grupo. El tercer día, ella llegó a la mañana totalmente entusiasmada, se acercó a mí y me contó que desde hace mucho tiempo es la primera vez que lograba dormir toda la noche y finalmente podría volver a respirar con calma. Estos instantes y conversaciones me mostraron lo importante que es nuestro trabajo.
No solamente en nuestras capacitaciones fue evidente lo necesario que es nuestro apoyo. En una visita a un pueblo cercano a Mandalay, uno de los sectores fuertemente afectados por el terremoto, pudimos ver cómo puede actuar la ayuda con propósito. En este pueblo, muchas personas viven del tejido. Los pesados telares están firmemente empotrados en el suelo de hormigón de las casas. El terremoto destruyó las casas sobre las sillas de tejido y estas ya no estuvieron protegidas del viento y el clima. Con ello, numerosas familias perdieron, no solamente su hábitat y refugio, sino que además vieron amenazada su supervivencia económica. Por medio de nuestro apoyo financiero se pudieron reparar cerca de 60 casas. Una mujer nos guió por el pueblo, nos mostró las casas y nos contó qué era exactamente lo que requería reconstrucción: techos, paredes, pequeños talleres. Nos contó, que pudieron retomar el trabajo y hasta pudieron apartar algo de dinero para enviar a sus hijos a la escuela. Con los fondos de nuestro proyecto se pudo también conformar un gran refugio. Este funciona como aula provisoria para niños de todo el pueblo, un lugar en el que la rutina, el aprendizaje y la estructura, vuelven a encontrar un espacio.
Mientras me encuentro haciendo la retrospectiva de una intervención llena de vivencias en Myanmar, ya estamos realizando planes para la próxima intervención, en la que queremos apoyar a las personas que se encuentran en campos de refugiados. Muchos de ellos tuvieron que abandonar sus hogares a causa de la guerra civil y además atravesaron el terremoto.
Lina Bäuerle
Nuestro trabajo en Myanmar es financieramente posible gracias a nuestros/as donantes, sobre todo gracias al apoyo de la asociación Aktion Deutschland Hilft.

