Hace 20 años, mi esposo Wolfgang Knipping y yo, recién casados, decidimos llenos de entusiasmo, seguir un llamado para ir hacia el interior del estado brasilero de Bahía. Una maestra de Várzea da Roça había pedido ayuda para construir un centro Waldorf para abordar la problemática de la criminalidad y la deserción.
Actualmente, en la Escola Waldorf Anael se dan clases a dos grupos de Kínder y 8 clases escolares con un total de 170 niños. Todos los colaboradores son residentes locales.
Nos encontramos entonces en aquella localidad apartada, con personas que aún provenían de una época anterior, pero estaban cada vez más sobrepasadas por la civilización moderna. Nos encontramos con pobreza, criminalidad y necesidad en cada aspecto. También llegó allí la modernidad: carros con burros y más tarde ¡motos que fueron rápidamente reemplazadas por autos. Las casas, que en un inicio eran de barro y madera, hoy se construyen con ladrillos de arcilla cocida. Los músicos tradicionales, que tocaban el acordeón, la guitarra, el tambor y el triángulo fueron sustituidos por bandas modernas que actúan en grandes escenarios al aire libre y su música resuena ensordecedora a través de altavoces gigantes. La televisión y los celulares llegaron también aquí. Uno se deja captar por el ilusorio mundo de los medios. ¡El Glamour y el dinero también rigen el mundo aquí!
Al vivir en dos mundos y estar temporalmente aislada en Várzea da Roça, pude percibir mucho mejor la influencia del exterior. Lamentablemente, también tuve que aceptar que cada persona debe vivir y tener sus propias experiencias personales.
Pero en nuestra escuela podemos colaborar con mostrarle a niños y adolescentes un mundo en el cual el aprendizaje vivo, donde las experiencias anímico-espirituales son posibles. Es muy difícil, como en todo el mundo, resistir las numerosas tentaciones, pero algunas de estas personas tienen aún un acceso muy natural a la humanidad y queremos conservarlo y fomentarlo con mucho compromiso y por medio de una pedagogía Waldorf adaptada a nuestras circunstancias.
Cuando los niños preguntan con nostalgia “¿Cuándo terminan las vacaciones?” o muestran con orgullo nuestra escuela a sus amigos, o incluso otros niños les piden a sus padres con timidez, pero con una gran sonrisa “¡Quiero ir a esta escuela!”, entonces nuestro esfuerzo ha valido la pena.
Este maravilloso proyecto pudo y puede hacerse realidad con mucho corazón y a través de pequeñas o grandes donaciones que garantizan el presupuesto mensual para el sostén de la escuela. ¡Estamos infinitamente agradecidos por eso!
Si aún no ha apoyado a la Escola Waldorf Anael, pero le gustaría hacerlo a partir de ahora, aquí tiene una forma sencilla de hacerlo: Donar ahora

