A principios de marzo del 2025 hubo otro terremoto en la región de Hatay. El nuevo sismo trajo a los recuerdos de regreso. Desde entonces, Mehmet-Efe volvió a hablar casi a diario de casas y edificios destruidos. Como la primera vez tenía recién tres años, los pedagogos y sus padres suponían que él no había percibido realmente lo sucedido. Pero cuando llegó al centro de protección de la infancia, era inseguro y agresivo, según las pedagogas. Además, tenía dificultades para participar en el grupo y no hablaba para nada. Luego de las primeras semanas ya pudo abrirse. “Comenzó a hablar lentamente, se fue volviendo más tranquilo y seguro, tanto consigo mismo como con el grupo, comenta Nergiz. A causa de falta de oxígeno durante su nacimiento, el desarrollo de Mehmet-Efe se vio retrasado en un principio. Actualmente aprueba todos los tests médicos, lo que los padres agradecen al trabajo de la pedagogía de emergencia en el centro de infancia: “Las actividades en el Child Friendly Space ayudan mucho a nuestro hijo.”
Historias como estas muestran cuán profundamente afectados se ven los niños. Algunos de ellos tenían recién un año cuando pasó el gran terremoto del 2023, pero llevan consigo los recuerdos. Tanto las pedagogas como los padres y madres cuentan que el trabajo con los niños les ha brindado un entorno seguro y una estructura diaria estable, que tiene una enorme influencia en cómo se sienten y se comportan. El médico de Mehmet-Efes Arzt solicita: “Lo que sea que están haciendo, funciona, sigan así”.
Junto al trabajo con niños en el Child Friendly Space, la pedagoga curativa y del comportamiento de los Países Bajos, Mariëtta Vasen, trabajó con las madres de los niños. Luego de participar en las actividades en el “lugar seguro” del centro de la infancia, los niños volvieron a un hogar, muchas veces carpas o conteiner, con padres y madres estresados y tensos. Para apoyar en esto, ofreció talleres para madres. El foco era, además de la psicoeducación, el tema del autocuidado. Paralelamente a los talleres grupales, ofreció un espacio para conversar acerca de los temas de preocupación de las madres.
Hurrem (nombre ficticio) es una de las madres. Llegó más temprano al primer taller y comenzó inmediatamente a hablar sobre el terremoto y las personas que ha perdido. Habló de su dolor, pero también sobre sus sentimientos de culpa, porque siente que ella no puede estar bien, si las personas en su hogar la están pasando mal. Cuando regresó al taller al día siguiente, se veía más relajada y equilibrada, como también otras participantes. Utilizó sus estrategias de elaboración y contó acerca de su marido, que es un gran soporte y también jardinear y cocinar. Siempre vino a los talleres y en el último encuentro contó su sueño de vender sus productos de repostería y a pensar en qué podía hacer para concretar ese sueño. La imagen de Hurrem, como una de las personas que ha perdido mucho durante el terremoto y continúa mirando hacia adelante, nos impulsa y confirma la importancia de nuestro trabajo una y otra vez.
Otra madre dijo: “cuando escuché por primera vez de este taller pensé que era sólo para niños. Luego del terremoto, los niños fueron apoyados tanto económicamente como psicológicamente. Pero también se ayudó a los padres y eso nos alegró mucho. Intenté salir adelante sola, pero estos encuentros me ayudaron a ordenar mis pensamientos y a planificar mejor.”
Lina-Fée Bäuerle y Mariëtta Vasen

