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Egipto: Cuando escapar de la guerra se vuelve como escapar de los propios sentimientos

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En la semana anterior a Semana Santa, la musicoterapeuta Zeina El Zein del Líbano, el pedagogo de emergencia y trauma y danzaterapeuta Ahmad Alghariz de Gaza y nosotros, Fabian Krämer y Fiona Bay de los Amigos de la Educación Waldorf, pasamos una semana en Egipto trabajando con jóvenes educadores/as de Gaza. Allí, estuvimos colaborando con una iniciativa de jóvenes que, poco después del comienzo de la guerra, comenzaron a crear un “Child Friendly Space” en Gaza y ahora se encuentra en proceso de crear un espacio similar en Egipto.

Dos hombres y dos mujeres con camisetas azules

Zeina, Fiona, Ahmad und Fabian

Muchos de los refugiados de Egipto, que han huido de Gaza, tienden a replegarse sobre sí mismos en un estado que, en muchos casos, no les permite compartir sus estresantes experiencias con los demás y, a su vez, les genera dificultades para escuchar las historias de los otros. Por lo tanto, muchas veces se encuentran aislados y sin posibilidad hablar acerca de sus vivencias. Para los niños y los jóvenes en particular, esto significa que experimentan poca o ninguna interacción social, fuera de las clases que reciben online. La comunicación y los vínculos con los padres también suelen verse alterados a causa de las vivencias.

Durante la primera jornada pudimos trabajar junto a veinte padres y madres. Además de psicoeducación, impartimos talleres de arte y movimiento, y también ofrecimos tiempo para conversatorios. En ese contexto, tuvieron la posibilidad de expresar las situaciones que habían experimentado desde que huyeron. Los recuerdos son agobiantes, las noticias de casa son duras y sienten cargo de consciencia, lo que los lleva a huir de sí mismos y de sus sentimientos. Sobre todo frente a los teléfonos móviles, que les ofrecen distracción. Muchas veces perciben a sus hijos como agresivos o depresivos. Sufren las consecuencias de la falta de interacción social y para los padres también es difícil estar disponibles para sus hijos, debido a sus propias tensiones y presiones. Por eso es tan importante crear un espacio Child Friendly, donde los niños sean cobijados y tengan la posibilidad de socializar.

Durante los cinco días siguientes, nos reunimos con los jóvenes educadores para transmitirles fundamentos de la psicotraumatología, así como de la pedagogía de emergencia y del trauma. Junto a los módulos teóricos, realizamos talleres de arte y movimiento para que pudieran experimentar directamente la autoconciencia: ¿Qué efecto tienen en mí estos ejercicios? ¿Qué importancia tiene el ritmo? ¿Qué implica disponer de tiempo para realizar actividades artísticas? También dimos a los profesores algunos lineamientos para que puedan organizar su tiempo con los niños de una manera sensible al trauma. ¿Por qué un niño se comporta de forma agresiva? ¿Qué quiere decirme con ese comportamiento?

Anteriormente, hemos comprobado en diversas oportunidades que los talleres y cursos de formación para adultos no son solamente un camino de aprendizaje profesional, sino que también habilitan un espacio donde las personas pueden reencontrarse a sí mismas. Sin embargo, pocas veces hemos experimentado esto de manera tan clara como aquí, en Egipto. Durante el tiempo que pasamos allí, oímos una y otra vez la frase: «Nunca había hablado con nadie de esto», seguida de historias muy duras, cargadas de sufrimiento y dolor,  pérdida de seres queridos y de lugares. Salwa*, cuenta, por ejemplo, que todavía hoy hierve el agua en ollas para ducharse: «¿Cómo puedo darme una ducha caliente cuando sé que mi familia no tiene acceso al agua en casa?». Fátima* cuenta que a menudo le resulta difícil comer porque sabe que sus amigos de Gaza no tienen seguridad alimentaria. Para Hala*, es un éxito no dejarse vencer por las emociones. Lloró mucho, pero también hubo muchos momentos de alegría y exhalación.

La musicoterapeuta Zeina expresa, con especial acierto, que esta forma de encuentro implicó para ella mucho más que la mera transmisión de conocimientos, no sólo para los participantes, sino también para nosotros. En su reseña, nos escribió las siguientes palabras:

"Para mí, lo más importante fue darme cuenta de que lo que vemos en la superficie es sólo la punta del iceberg, un fragmento de la vivencia de una persona. Su comportamiento es sólo la punta, debajo hay otro mundo. Voy a dejar de tomarme las cosas de manera personal. Voy a empezar a preguntarme: ¿qué puede estar pasando bajo la superficie? Este cambio de perspectiva me ha cambiado a mí misma, no sólo en mi trabajo, sino también en mi relación con la gente en general". Continúa:

“Me sentí humilde a nivel emocional. Contar con la confianza de otros que estaban en procesos de duelo tan difíciles, acompañar sus lágrimas, escuchar sus historias, participar de su dolor, fue ennoblecedor. Había momentos en los que el espacio cobijaba no solamente arte o palabras, sino que cobijaba preocupaciones colectivas, coraje y un anhelo dubitativo de paz. Lloramos juntos, logramos cosas juntos. Nos acercamos de alguna manera a la sanación. Tuve la sensación de estar exactamente donde debía estar. Mucho tiempo llevé un sentimiento de impotencia. Pero esos días, durante los talleres, esta impotencia se transformó en acción, conexión y presencia. Tuve la sensación de hacer algo con sentido. Aunque fuera pequeño, sentía que era importante.“

Zeina y Ahmad, el danzaterapeuta, recalcaron una y otra vez lo valioso y significativo que fue este taller también para ellos, sobre todo porque compartieron muchas experiencias y sentimientos con los demás participantes.

Durante nuestras conversaciones posteriores al trabajo, compartieron con nosotros los momentos que les conmovieron especialmente.

Particularmente nos conmovió este ejemplo: un participante nos contó que sufría graves trastornos del sueño desde que huyó de Gaza. En los días buenos, lograba dormir un máximo de tres horas; antes del taller, llevaba seis días sin dormir bien. Pero después del primer día de nuestro taller, durmió diez horas seguidas. Tanto él como su madre estaban asombrados. Dijo que sentía una paz interior que había perdido hacía tiempo.

Fue muy gratificante percibir cómo el grupo se iba uniendo a lo largo de la semana, dando un pequeño paso para salir del aislamiento. Porque todos estábamos de acuerdo en que: ¡juntos podemos conseguir ofrecer un lugar seguro a los niños! El equipo de Gaza, luego de la formación, puso inmediatamente en práctica la nueva energía adquirida en la formación y organizó un primer día para los niños. En el futuro, se realizarán programas para los niños en forma regular.

En gratitud por esta semana especial, que ha sido posible gracias al apoyo de Aktion Deutschland hilft,

Fabian Krämer y Fiona Bay

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