“Cuando miro por la ventana desde la sala de clase, miro a los niños de primero, , sentados de rodillas en el suelo, con sus manitos bajo la pera y diciendo la palabra agua, la primera palabra de dos letras en آب Farsi que aprendieron hoy! Miro a través de la ventana en nuestro jardín, en la naturaleza, que nos invita a formar parte del mundo viviente…” (A. Rezvanmanesh)
Comenzó en el año 2017: dos maestras, una educadora y un grupo de padres se juntaron. Muchas veces habíamos cuestionado al sistema educativo críticamente. Es un sistema que, a nuestros ojos, es discriminatorio, excluyendo en base al género, la religión, la cultura o la forma individual de ser. Un niño, tan único como pudiera ser, no tenía casi posibilidad de descubrirse a sí mismo. Queríamos ver a las personas en el centro y comprender qué necesita en verdad un niño para su desarrollo. Entonces nos dispusimos a buscar sistemas educativos alternativos en todo el mundo. Ninguno nos convencía, hasta que nos encontramos con la pedagogía Waldorf.
Mientras una de nuestras pedagogas terminaba sus estudios como educadora Waldorf en Berlín, la pandemia llevó a que muchos cursos se dieran online. Así es que surgió la posibilidad de que dos maestras locales pudieran participar en estos cursos, para estudiar a la pedagogía Waldorf en profundidad.
Al concluir nuestras formaciones, llegó el momento de compartir nuestros conocimientos con un círculo más grande de personas, personas que tenían los mismos propósitos y preguntas que nosotros. Gracias al apoyo de educadores/as y docentes alemanes/as pudimos llevar a cabo esta tarea.
Salas de clase como lugar sagrado
Deseábamos un lugar para nuestros niños, en el que pudieran ser ellos mismos y desarrollar todos los aspectos de su esencia. Una sala de clase no es una sala cualquiera de cuatro paredes, donde se encuentran maestros y alumnos de casualidad, sino que es un lugar sagrado. Nuestro espacio con las salas de clases y el jardín es un lugar para habitar y aprender, en la cual las personas puedan crecer y florecer juntos.
A lo largo de tres años, construimos en este jardín, una casa con tres salas de clase: uno para el Kindergarten y el primer grado, que solamente va tres días de la semana al jardín, y dos salas de clase para segundo a quinto grado, que está aquí 4 días a la semana. Lamentablemente no contamos con suficientes salas para todos los cursos. Por eso estamos obligados, contrariamente a nuestros propios deseos y los de los padres , a reducir los días en los cuales cada grupo puede usar el jardín y las salas. De esta manera lograremos, igualmente, brindarles a todos los niños la posibilidad de aprender en este especial lugar.
Todo, lo que generamos desde la pedagogía Waldorf, fuimos tejiéndolo cuidadosamente y paso a paso en nuestra cultura, con paciencia y un profundo respeto por nuestras raíces. Una parte de nuestra cultura social tiene que ver con las festividades nacionales y los rituales, que estaban al borde de la desaparición. Descubrimos sus valores ocultos, los trajimos a la luz y los celebramos de tal manera que pudieran estar en sintonía con la cultura de nuestra comunidad.
Un hogar para la pedagogía Waldorf en Irán
Los padres nos acompañaron en este camino con una motivación notable. Los gastos para el jardín y su construcción, como también la continuidad en el desarrollo, hubieran sido imposible sin el apoyo de los padres y las madres. Los niños no eran meros observadores, sino activos co-diseñadores. Soñaban con su escuela, dibujaban planos de construcción para la sala de clase y traían sacos de arena. Su fascinación y sus fantasías otorgaron mucha fuerza para la concreción de nuestros planes.
A pesar de los desafíos políticos y económicos, una inflación del 41%, la falta de especialistas formados y muchos otros obstáculos, hemos logrado llegar lejos. Intentamos lograr en Irán, un hogar para las ideas Waldorf. Un lugar seguro, no solamente para los niños y sus padres, sino también para cerca de 420 educadoras y educadores de todo Irán, de los cuales algunos vienen a nuestra escuela para hacer prácticas o formaciones presenciales, luego de sus cursos online. Hemos desarrollado un modo de abordaje, con el cual acompañamos a otros centros infantiles y compartimos nuestras experiencias. Nuestro deseo es que esta comunidad se consolide, permanezca y crezca.
Su apoyo para la compra del jardín
Esta comunidad, que construimos con trabajo duro y sin ningún financiamiento, se encuentra confrontado a un gran desafío: el jardín que nos permitió concretar este sueño, debe ser vendido.
Hasta ahora, podíamos arrendarlo, pero para poder continuar este sueño y sostener este espacio como un lugar de crecimiento, de aprendizaje y de comunidad, necesitamos vuestro apoyo. Sólo con Su ayuda podríamos comprar este jardín y mantenerlo para los niños de hoy y de las generaciones futuras, como lugar en el cual los sueños echan raíces y la comunidad florece.
Por eso les solicitamos vuestra donación. Cada donación, independientemente de su cantidad, aportará a que nuestro sueño pueda continuar vivo.
Arefeh Rezvanmanesh

