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Kenia: lugares seguros en momentos difíciles

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En abril y mayo del 2024 hubieron intensas lluvias que produjeron inundaciones, afectando gravemente también a las villas miseria de Nairobi. Una de ellas es Mukuru kwa Njenga, que se encuentra 7 km al sur del centro de la ciudad. Las devastadoras inundaciones se llevaron a las humildes viviendas de muchas personas, de modo que tuvieron que improvisar un campamento. En julio del 2024 un equipo de 7 pedagogos/as de emergencia kenianos, como también dos colegas de Alemania, comenzaron un trabajo en Mukuru para trabajar con pedagogos/as de diferentes escuelas durante diez días. Rápidamente se pudo comprobar que la inundación era sólo uno de los desafíos para las personas del lugar.

Como en muchas otras villas miserias del mundo, las pequeñas chozas de metal se acinan unas junto a otras y hay unas pocas casas o edificios de ladrillo. Las calles en las que se puede circular están embarradas y los pequeños caminos entre las chozas están llenas de basura. En la intervención de julio, dos meses luego de la inundación, todavía había mucha agua acumulada en las zanjas y no se preveía que terminase la temporada de lluvias.

Las personas en Mukuru viven en la pobreza y con pocas perspectivas de mejora. Así por ejemplo, la asistencia a la escuela es un enorme desafío para muchos niños. Como hay pocas escuelas públicas, surgieron muchas escuelas pequeñas que cumplen poco con los reglamentos estatales. Muchas veces cuentan con pedagogos/as que han recibido breves capacitaciones y deben enseñar a 70 niños. Las pizarras son viejas, hay muy poco material escolar como lápices de colores o papeles, al igual que espacio, luz y tranquilidad. Los techos son normalmente de chapa, por lo que durante las lluvias es casi imposible escuchar las clases. Muchas veces las paredes son también de chapa fina, y se escuchan las conversaciones o el ruido de las salas contiguas, lo que dificulta mucho la concentración en clase. La mayoría de las escuelas, además, carecen de patios escolares y los niños deben permanecer en los pupitres, sin oportunidad de jugar o distenderse.

Otro tema complejo en Mukuru es la seguridad en el ámbito alimenticio. La mayoría de los niños carecen de alimentación regular, lo que obviamente influye negativamente en la concentración. En las familias de los niños suele haber episodios de violencia o abuso. Christina (nombre ficticio), una de las pedagogas locales, comenta que por esa razón sus alumnos no se pueden concentrar. Ella trabaja en una pequeña escuela en medio de la villa. La seguridad de sus alumnos es su preocupación cotidiana.

Entonces esta pregunta movilizó al equipo: ¿Cómo apoyar a los niños que viven en un entorno impregnado por la violencia? En conjunto elaboraron soluciones para poder diseñar unidades artísticas, a pesar de la falta de espacio y materiales. Estos pequeños “espacios de exhalación“ brindaron mucha a alegría a las pedagogas/os locales, por un momento ellos y los niños pudieron olvidar sus preocupaciones. Wamu, un pedagogo del Waldorf Kukuma Project, describe al ambiente que percibió con las siguientes palabras: “Al finalizar el encuentro los participantes tenían sonrisas en sus rostros. La tristeza con la que habían llegado, se liberó  y fue reemplazada por rostros alegres  y relajados.“

Había un serio interés por comprender qué es un trauma y cómo se manifiesta en los niños: “Cuando abandoné la villa miseria de Mukuru kwa Njenga me llevé profundas reflexiones y valiosas lecciones. Mis experiencias allí no solamente enriquecieron mi entendimiento, sino también me aportaron saber acerca de cómo poder ayudar a personas que vivieron experiencias traumáticas. Tengo un enorme respeto por los habitantes de Mukuru. La vida en esas circunstancias tan complejas, requiere una extraordinaria fuerza de resistencia, resiliencia y trabajo duro. Es claro que el apoyo continuo del ámbito psicosocial por medio de organizaciones o grupos privados, cumple un papel fundamental para sostener su fuerza y esperanza“, dice Wamu.

En noviembre el equipo de pedagogía de emergencia trabajará una vez más en conjunto con pedagogos/as locales para profundizar en otros métodos de la pedagogía del trauma. El objetivo a largo plazo es lograr espacios seguros para los niños. Para ello es importante que los pedagogos aprendan un trato sensible frente a niños traumatizados y que ellos mismos puedan, en primer lugar, sentirse seguros, porque para ellos también su entorno es traumatizante y produce temor. “La situación es difícil para todos nosotros“, dice Frances, una maestra de Mukuru. “Tengo mucha esperanza de que podamos ofrecer a los niños un futuro mejor”

                                                                                                                                                                                                                                                                                                           Fiona Bay

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