Al este de la República Eslovaca se encuentra Košice, la segunda ciudad más grande del país. Tiene una larga historia, pero su crecimiento se dio con la intensa industrialización después de la segunda guerra mundial hasta llegar a su actual tamaño. Por ello, junto al antiguo casco histórico de la ciudad, se encuentra el toque especial de la cultura habsbúrgica del centro de Europa del este o los típicos edificios en bloques que se encuentran en todas las ciudades de las zonas de influencia soviética. En este barrio de posguerra y en medio de estos edificios se encuentra la escuela Waldorf de Košice, que está establecida en una escuela estatal con el clásico estilo de construcción. Pero la escuela Waldorf también tiene la gran fortuna de encontrarse en la costa del Torysa, por lo que tiene un entorno más verde y acceso directo a la costanera.
Slavomir Lichvar, uno de los maestros de la escuela Waldorf de Košice, fue anfitrión en su escuela durante la jornada desarrollada por la Asociación Internacional de pedagogía Waldorf en el centro y este de Europa (IAO) y contribuyó también al entusiasmo de colegas, madres, padres, alumnos y alumnas, llevando a cabo hoy una jornada para cerca de 250 invitados. La escuela IAO, fundada en 1994, celebró sus 30 años de existencia y consolidó el trabajo conjunto realizado durante tantos años por los docentes de las escuelas Waldorf desde Praga hasta San Petersburgo y de Tallinn a Bucarest.
El movimiento Waldorf en los países de la ex unión soviética se encuentra actualmente en un punto de inflexión, porque las generaciones de fundadores/as están en camino a dejar las escuelas y jóvenes docentes deberán tomar la responsabilidad por estos movimientos escolares. En algunas situaciones esto funciona de una manera relativamente sencilla, en otros casos es un desafío, porque no siempre hay personalidades dispuestas a hacerse cargo de ese tipo de transformaciones. A eso se le suma el proceso de integración en la unión europea, con su correspondiente burocratización y el aumento de las condiciones y reglas en el ámbito educativo, que presenta siempre nuevos desafíos que las escuelas deben ir afrontando. Por lo tanto, en esta jornada se trataba de prepararse en los fundamentos de la pedagogía Waldorf y redefinir incluso parte de ellos, para generar entusiasmo por la tarea. Porque como en todas partes, también en los países de Europa del Este y Europa Central, faltan docentes. Esto es consecuencia, en parte, de los sueldos bajos que hay para docentes en estos países, con los cuales nadie puede financiar su vida y menos si tiene familia. Entonces quien decida ser docente (sobre todo en las escuelas públicas) debe tener una pareja que lo/la sostenga o deberá sacrificar algunas cosas. Es decir, necesita algo del otro lado de la balanza. Y eso puede tener mucho peso: entusiasmo por la tarea y un sentido del acompañamiento en el desarrollo de los niños. Y ambas cosas pueden continuar reavivándose siempre.
Afortunadamente, el director de la escuela estatal puso a disposición un gimnasio, ya que la escuela Waldorf no cuenta ni con una sala grande, ni con un gimnasio. El encanto de este gimnasio algo venido a menos pudo mejorar con unas telas teñidas y un podio puesto en el centro para dirigir la atención a los oradores. Christof Wiechert, coordinador de la Sección Pedagógica del Goetheanum entre el 2001 y el 2010, trabajó los fundamentos de la entidad humana para el trabajo pedagógico durante cinco mañanas consecutivas. Él logró un ambiente en el cual se despertaban cada vez más el entusiasmo por la observación, por la posibilidad de realizar cuestionamientos y de mejorar el entendimiento acerca de los procesos de los niños y adolescentes, atendiendo siempre a la libertad de los otros, sean colegas, alumnos o padres. Esperamos que estas presentaciones a modo de introducción en las tareas de los docentes Waldorf tanto desde la profundización de la comprensión de la entidad humana, como sobre el diseño y preparación de las clases, puedan ser publicadas como un pequeño librito.
El día estaba tan lleno de presentaciones y cursos, que la mayoría necesitaba un momento de libertad para la hora de la cena. Pero hubo una excepción. Justo al comienzo de la jornada, los alumnos de nivel superior del liceo Waldorf de Praga realizaron una presentación de euritmia a partir de sus propias piezas musicales. El nivel era extraordinario. Todos los espectadores entendieron hasta dónde puede llegar cualitativamente una buena clase de euritmia. Impresionaron profundamente. Luego de esta maravilla, hubo una presentación del ensamble de la escuela de euritmia de Budapest. Nuevamente en un altísimo nivel. La escuela de euritmia de Budapest es conocida por su excelente calidad y estuvo a la altura de su fama, durante toda la presentación. Fue muy enriquecedor para todos los espectadores.
Nana Göbel

