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México: Ahuyentar al dragón con el arcoíris

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Casi medio año luego de los estragos del huracán “Otis“ en México, un equipo de pedagogía de emergencia se encuentra trabajando con las familias afectadas de la región de Acapulco. En la intervención quedó claro que las personas no solamente sufren los efectos de la catástrofe natural, sino también de la masiva criminalidad que va en aumento en la región.

El 25 de octubre, del 2023 “Otis“, un huracán de intensidad 5, afectó a la ciudad de Acapulco, en México. Sus consecuencias aún se pueden ver, seis meses después. El gobierno calcula que 250.000 personas perdieron su casa. Acapulco es una región turística, que tiene que lidiar desde hace mucho con violencia y narcotráfico en aumento. Desde la pandemia del Coronavirus la situación económica empeoró y las destrucciones por el huracán complicaron todo aún más.

En marzo, un equipo local de diez pedagogos/as de emergencia, apoyado por tres colegas de la red internacional, entre ellos, la coordinadora de la sección de pedagogía de emergencia de los Amigos, Fiona Bay. El equipo trabajó en diversas escuelas. Junto a las actividades como arte y movimiento, se trabajó también con padres y docentes. Los padres, madres y adultos en general, continuaban con lágrimas en los ojos aún seis meses después, cuando hablaban sobre la catástrofe. En una de las dos escuelas primarias, la mayoría de los padres y madres trabajan en el sector del turismo, que ha sido fuertemente afectado, por lo que la mayoría no cuenta con un ingreso . “Muchas casas, sobre todo en los pueblos cercanos a Acapulco, continúan destruidas”, reporta Alicia D'Urso, coordinadora del equipo mexicano. “La tensión se puede percibir en los docentes y padres. Siempre insisten, que las condiciones de vida difíciles no empezaron con el último huracán. Hace años están confrontados con la violencia y la pobreza y se sienten solos. Con frecuencia nos consultan cómo pueden hacer para lidiar con el stress para estar bien para sus niños”.

Una docente cuenta de sus clases, que los niños se preocupan porque se acerca el período de lluvias. Muchos tienen miedo cuando escuchan vientos fuertes. También los frecuentes disparos y temblores inquietan a los niños. Algunos docentes cuentan que debieron aprender a percibir las diferentes reacciones de los niños por lo que han vivido.

Junto a los encuentros psicoeducativos y de psicohigiene, los padres y docentes participan de talleres en donde se entregan herramientas para su trabajo con los niños. A su vez, pueden vivenciar momentos de tranquilidad y serenidad.

Pablo (nombre cambiado) tiene 9 años. En el taller de arte pintó un dragón y contó que en el huracán apareció un dragón como un demonio en el cielo. Al final del encuentro, le contó a Cristina Guijarro Vargas, una pedagoga de emergencia de España, que él pintaría un arcoíris para ahuyentar al dragón.

Gabriela, de 17 años (nombre cambiado) hizo una excelente reflexión sobre su participación en el taller. Participó diariamente en un taller de movimiento y arte y el último día le agradeció a Cristina:

“Me sentí muy bien. A veces me estreso en la escuela y gracias a tu trabajo me siento más tranquila y relajada. Mi cabeza se liberó de los pensamientos oscuros que tenía. Disfruté mucho las conversaciones, porque a pesar de que estamos grandes, no debemos olvidar, que alguna vez fuimos niños y éramos muy felices. ¿por qué no deberíamos seguir siéndolo, ahora que somos adultos? ¡Te agradezco de corazón a ti y a todo el equipo, cuídense!”

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