Una excursión al barrio pobre São Lázaro
Fabiana Naka empezó hace siete años de trabajar creativamente con algunos niños en su casa. Después de poco tiempo su madre Lais, una profesora Waldorf, la comenzó a apoyarla – y actualmente un grupo de colaboradores a título honorífico está encargado de casi 70 niños cada día. – Una niña les quiere presentar su mundo:
Queridos amigos!
Soy su pequeña guía y les deseo un buen día. Nos encontramos en Ondina, un barrio rico de Salvador – la capital de nuestro departamento Bahía.. Como habrán notado : casi toda la gente que conozco son morenos. Vengan, los voy a llevar a la iglesia São Lázaro, llamada como nuestro barrio. Yo vivo ahí cerca – no tengan miedo.
Tenemos que subir estas gradas de aquí. En callejuelas como estas viven casi 2000 personas en nuestro barrio, 250 familias: con sus abuelos, padres, tíos y tías, jóvenes y nosotros los niños. Muchos de mis amigos no conocen a su papá y sus madres tienen que trabajar muy duro para traer el arroz y los frijoles de cada día. La abuela, la tía o la prima cuidan a los pequeños. Yo tengo 4 hermanos y una preciosa sobrina.
Mis padres tienen un bar en el comienzo de la callejuela frente de la iglesia. Me da lástima que muchos padres no tengan trabajo o beban mucho, pues después se ponen nerviosos y pegan a sus hijos o mujeres, y además existen peleas graves entre hombres.
Muchas veces me pongo triste y pensativa, al ver los jóvenes sentados en la calle, en sus casas. Es demasiado estrecho y muy nervioso. ¿Saben qué? Algunos roban para tener cosas que no se pueden proveer. Otros consumen drogas y se preocupen solamente en conseguir el dinero para eso. Mucho peor es la situación de las chicas que tienen muchos amigos y se ganan un poco de dinero con eso... y se embarazan y no saben qué hacer con su hijo.
Ya están cansados? Estamos llegando. Ahí esta – la iglesia de São Lázaro. Cada lunes dan una misa especial aquí. Las bellas Bahianas dan su bendición a los creyentes con palomitas: una costumbre de los Candomblés, de la religión africana, que tiene muchos seguidores en este lugar.
Tal vez este barrio les parezca muy feo y pobre – pero vean: las casas altas en el otro lado de la calle. Lamentablemente no podemos entrar ahí, hay que mostrar su documento... Y al otro lado pueden ver el zoológico, con sus árboles de hojas persistentes y en medio se ve el palacio del gobierno. Más a la derecha pueden ver el mar azul. Nuestras casas son pequeñas, angostas y muchas veces sucias, en verano falta agua y nos tenemos que lavar con baldes, pero sabemos que otra gente vive mejor…
A mi me gusta vivir aquí.. Cuando se escucha que uno de los jóvenes ha sido matado por narcotraficantes (muchas veces es alguien que conozco del bar de mis padres) – pero con el tiempo el susto se pasa también...
Llegando al proyecto
Aquí a la izquierda queda el proyecto Salvador! Aquí podemos comer cada día, aprender, cantar, hacer música y reírnos. Las profesoras siempre nos reciben alegres y muy cariñosamente, nos ayudan también en las tareas aburridas de los colegios estatales. Los pequeños que van al jardín infantil lo pasan bien :juegan, escuchan cuentos, cantan, duermen, dibujan y no necesitan „estudiar“ todavía, ahora ya tienen su propio bañito y a veces quiero ser una niña pequeña todavía…
¿Sabían que nuestros profesores tienen que estudiar también? Hace dos semanas están aquí cada día y están pasando junto con otros profesores de Bahía un „curso de calificación en pedagogía Waldorf“. A veces los veo salir con muñecas y animales hechos a mano, y espero que en el año nos enseñen hacer eso...
En este cuarto una doctora atiende una vez a la semana a personas de nuestro barrio. La gente la quiere mucho y si es necesario ella va y atiende a los viejos en sus casas. Sin embargo, yo pienso que una sola doctora no es suficiente para todos nosotros, tantas enfermedades que existen…
El proyecto recibe muchos niños y muchas madres quieren dejar más que todo a sus más pequeños aquí para poder ir más tranquilas a sus trabajos. A partir de este año mi sobrina también se va quedar en el proyecto. Su mamá misma estuvo aquí hace 4 años, ella es muy joven y todavía está yendo a la escuela – entonces,¿ quién va a cuidar a la pequeña Milena?
El año pasado tuvimos clases de Flauta con Vivian, los más grandes han aprendido muchas canciones lindas que han presentado. Me ha gustado mucho tocar la flauta no era muy fácil…
Nuestra cocinera siempre trata de hacer milagros con lo poco que tenemos, a veces lo logra, otras veces no... Nos gusta comer carne pero es muy cara y el que no tiene nada que comer se alegra de todo y no pregunta...
Y – ¿cómo les gustó? Vengan y visítennos otra vez, nos gusta recibir visitas ! Espero que sea hasta pronto! Larissa.
Laïs Naka, Vivian Fraenkel







